lunes, 18 de agosto de 2014

LA VIOLENCIA COTIDIANA CRECE A NUESTRO ALREDEDOR

La violencia cotidiana !

Crece a nuestro alrededor y se hace casi cotidianas las noticia  de actos de violencia en nuestro país, en nuestra provincia, en nuestro barrio. Lamentablemente la violencia callejera, familiar y cotidiana se ha hecho una realidad demasiado frecuente, demasiado cercana. Amenaza con hacerse algo común.
Los medios de comunicación nos traen todos los días noticias de las violencias internacionales, de las guerras, de los genocidios, de los atentados suicidas. Parece ser que el mundo está hecho de estos ingredientes solamente. Pero nada se dice de las violencias más cercanas, las que conocemos por los rumores que después son confirmados, las que ocurren aquí, las que pudiéramos evitar y prevenir.
Es por ello que volvemos nuestra reflexión, una vez más, sobre la peligrosa espiral de la violencia. Esta vez para acercarnos a su dimensión más aledaña, más frecuente, a la que, por desgracia, le damos menos importancia.

En efecto, se repiten cada vez más los hechos de maltratos familiares de esposo a esposa, de padres a hijos, de nietos hacia sus abuelos. Con frecuencia creciente nos encontramos escenas vergonzosas en plena calle, de madres que literalmente arrastran a sus niños pequeños, les propinan tundas frente a sus compañeros de escuela, les gritan desaforadamente que los van a matar, que les van a partir la cabeza en dos… y así una cantidad de frases, gestos, actitudes y hechos violentos que no parecen salidos de la boca de una madre, un padre, o una abuela. Pero las oímos y vemos cada vez más. Es la violencia familiar que se hace cotidiana y se vuelve casi normal.
No nos acostumbremos a la violencia familiar. No existe violencia menor, porque todas dañan la dignidad, la integridad, la psicología de los que la sufren y también daña a los que la ejecutan. No aceptemos tal monstruosidad como si nada ocurriera.
Otra manifestación de la violencia cotidiana son los ataques callejeros. Esos asaltos para robar, para la violación sexual, para el atraco. Todos podemos recordar alguno de estos hechos en nuestro propio barrio, en nuestra ciudad, en nuestra provincia. Los mayores podrán comparar: siempre han existido actos de violencia, pero parece, que ni eran tan frecuentes, ni eran tan numerosos, ni eran vistos con tanta naturalidad o resignación como ahora.



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