La violencia cotidiana !
Crece a nuestro
alrededor y se hace casi cotidianas las noticia de actos de violencia en
nuestro país, en nuestra provincia, en nuestro barrio. Lamentablemente la
violencia callejera, familiar y cotidiana se ha hecho una realidad demasiado
frecuente, demasiado cercana. Amenaza con hacerse algo común.
Los medios de
comunicación nos traen todos los días noticias de las violencias
internacionales, de las guerras, de los genocidios, de los atentados
suicidas. Parece ser que el mundo está hecho de estos ingredientes solamente. Pero
nada se dice de las violencias más cercanas, las que conocemos por los rumores
que después son confirmados, las que ocurren aquí, las que pudiéramos evitar y
prevenir.
Es por ello que volvemos
nuestra reflexión, una vez más, sobre la peligrosa espiral de la
violencia. Esta vez para acercarnos a su dimensión más aledaña, más frecuente, a la
que, por desgracia, le damos menos importancia.
En efecto, se repiten cada vez más los hechos de maltratos familiares de esposo a esposa, de padres a hijos, de nietos hacia sus abuelos. Con frecuencia creciente nos encontramos escenas vergonzosas en plena calle, de madres que literalmente arrastran a sus niños pequeños, les propinan tundas frente a sus compañeros de escuela, les gritan desaforadamente que los van a matar, que les van a partir la cabeza en dos… y así una cantidad de frases, gestos, actitudes y hechos violentos que no parecen salidos de la boca de una madre, un padre, o una abuela. Pero las oímos y vemos cada vez más. Es la violencia familiar que se hace cotidiana y se vuelve casi normal.
No nos
acostumbremos a la violencia familiar. No existe violencia menor, porque todas
dañan la dignidad, la integridad, la psicología de los que la sufren y también
daña a los que la ejecutan. No aceptemos tal monstruosidad como si nada
ocurriera.
Otra manifestación
de la violencia cotidiana son los ataques callejeros. Esos asaltos para robar,
para la violación sexual, para el atraco. Todos podemos recordar alguno de
estos hechos en nuestro propio barrio, en nuestra ciudad, en nuestra provincia.
Los mayores podrán comparar: siempre han existido actos de violencia, pero
parece, que ni eran tan frecuentes, ni eran tan numerosos, ni eran vistos con
tanta naturalidad o resignación como ahora.

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