La familia sí importa. Importa tanto que de su estabilidad y prosperidad depende fundamentalmente , el bien y la salvación de la persona y de toda la sociedad. La verdad de esta afirmación, que se encuentra en el centro mismo de la visión cristiana del hombre y de su destino, se puede comprobar una y otra vez a través de la experiencia de la vida. No hay en toda la historia de la humanidad ninguna civilización ni ninguna cultura pensadas y construidas socialmente al margen de la familia, nacida y estructurada en torno a la unión firme y estable del hombre y la mujer.
sábado, 23 de agosto de 2014
lunes, 18 de agosto de 2014
LA VIOLENCIA COTIDIANA CRECE A NUESTRO ALREDEDOR
La violencia cotidiana !
Crece a nuestro
alrededor y se hace casi cotidianas las noticia de actos de violencia en
nuestro país, en nuestra provincia, en nuestro barrio. Lamentablemente la
violencia callejera, familiar y cotidiana se ha hecho una realidad demasiado
frecuente, demasiado cercana. Amenaza con hacerse algo común.
Los medios de
comunicación nos traen todos los días noticias de las violencias
internacionales, de las guerras, de los genocidios, de los atentados
suicidas. Parece ser que el mundo está hecho de estos ingredientes solamente. Pero
nada se dice de las violencias más cercanas, las que conocemos por los rumores
que después son confirmados, las que ocurren aquí, las que pudiéramos evitar y
prevenir.
Es por ello que volvemos
nuestra reflexión, una vez más, sobre la peligrosa espiral de la
violencia. Esta vez para acercarnos a su dimensión más aledaña, más frecuente, a la
que, por desgracia, le damos menos importancia.
LA FELICIDAD DESDE EL PUNTO DE VISTA FILOSOFICO
LA FELICIDAD DESDE EL PUNTO DE VISTA FILOSOFICO
La muerte de Sardanápalo !
Eugène Delacroix plasmó en su lienzo una escena filosófica muy
aristotélica, “La muerte de Sardanápalo” (1827-1828)1 no por describir el
pensamiento del filósofo griego sino por mostrar aquello que Aristóteles
atacaba en su obra: el hedonismo.“Hedonismo” significa la búsqueda de los
placeres, la entrega a las pasiones carnales.Para Aristóteles, la felicidad no consiste en conseguir los placeres, por el
contrario, se es feliz cuando nuestro comportamiento se opone al placer
dedicándose a la acción política y a la contemplación.“...La mayoría y la gente
más burda ponen la felicidad en el placer; por eso dan a entender su amor a una
vida llena de goces. Hay, en efecto, tres géneros de vida que tienen una
superioridad marcada: ...el que tiene por objeto la vida política activa y el
que tiene por objeto la contemplación. La muchedumbre que, evidentemente, no se
distingue en nada de los esclavos, escoge una existencia animal en su totalidad
y halla una justificación de ello en el ejemplo de los hombres poderosos que
llevan una vida a lo Sardanápalo. Los escogidos y los hombres de acción ponen
la felicidad en los honores; ese, en efecto, es, poco más o menos, el fin de la
vida política...”2Aristóteles organiza su propuesta ética en torno al problema de la felicidad,
su punto de partida es la convicción que para todos los hombres, en todos los
oficios y ocupaciones, lo común es perseguir un fin; en el caso especial de la
ética, ese fin que se pretende alcanzar es la felicidad.Pero debe, entonces, dedicar una buena parte de su propuesta moral a la
definición de ese fin, de ese bien, que denominamos “felicidad”. El hombre
bueno para Aristóteles, el hombre feliz, es un virtuoso; y la virtud es posible
si los seres humanos practican hábitos buenos.En ese camino hacia la felicidad, Aristóteles describe en los términos de “una
teoría del equilibrio“, el afán por evaluar con el auxilio del entendimiento la
opción más correcta; esto es, el justo medio entre dos extremos.El hombre feliz, es profundamente racional, prudente, reflexivo; alguien
capaz de tomarse el tiempo necesario para medir las consecuencias de su acción.
Antes de actuar debe aprender para decidir, para optar, para elegir lo bueno,
lo correcto; sus armas son el logos (raciocinio) el ethos (conciencia moral) y
el habitus (lo que se adquiere).Actuar bien, moralmente bien, éticamente bien, es hacerlo teniendo en
cuenta el “bien común“, el bien de todos; ya que somos animales racionales,
sociales y políticos. Nuestra naturaleza nos provee de la posibilidad de pensar
y actuar conforme a esa razón; pero es en la polis donde se adquieren los
buenos hábitos de convivencia.
Para Aristóteles sólo se alcanza la felicidad en la polis, en ese espacio
“entre” los ciudadanos, esa comunidad o koinônia de amigos. Los amigos
(ciudadanos libres) se encuentran en un plano de igualdad, hablan la misma
lengua, los dirige un logos común. Como su maestro Platón, él concibe al
lenguaje como aquello que posibilita desviar la violencia, neutralizar las
agresiones. En el discurso se genera la convivencia pacífica, la armonía; es el
lenguaje lo que hace posible la política y evita la guerra.Para alcanzar la felicidad hay que practicar hábitos buenos, justos,
equitativos; esos hábitos están sostenidos por actos voluntarios. Los hombres
desean voluntariamente el bien común y por ende, persiguen la felicidad a
sabiendas que ésta sólo se logra con esfuerzo, con el ánimo templado, con
valor.
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